Las pymes del biodiesel denuncian que Bullrich les entrega el negocio a las cerealeras y pone en riesgo 25 fábricas
Las pymes elaboradoras de biodiesel salieron al cruce del proyecto impulsado por Patricia Bullrich porque consideran que detrás de la promesa de una mayor competencia en verdad esconde una trans...
Las pymes elaboradoras de biodiesel salieron al cruce del proyecto impulsado por Patricia Bullrich porque consideran que detrás de la promesa de una mayor competencia en verdad esconde una transferencia del negocio a las grandes aceiteras y a las petroleras.
En el sector aseguran que la iniciativa para elevar el corte obligatorio de biodiesel del 7,5 al 10% tiene una trampa porque habilita a las petroleras a procesar aceite vegetal en sus propias refinerías, sin necesidad de comprar biodiesel a los productores independientes. Hasta ahora, se les prohibía a las refinerías de crudo meterse en el negocio de los biocombustibles para sostener las pymes.
En consecuencia, el proyecto termina reduciendo el mercado efectivo para los productores independientes y beneficia a los grupos que ya dominan la cadena agroindustrial.
"La ley se presenta como una desregulación, pero en realidad concentra el negocio", sostuvo Federico Martelli, el titular de CEPREB, la Cámara que nuclea a los productores pyme. El dirigente teme que el nuevo régimen obligue a cerrar persianas a 25 plantas radicadas en Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa y San Luis.
Según sus estimaciones, unas 800 mil toneladas anuales que hoy producen esas empresas quedarían expuestas a la competencia de seis grandes compañías agroexportadoras y de las petroleras.
Las pymes argumentan que esa competencia es imposible porque las grandes aceiteras controlan toda la cadena productiva. Compran el poroto de soja, elaboran el aceite y fabrican el biodiesel. En cambio, las plantas regionales deben adquirir la materia prima a esas mismas empresas para luego competir por el mismo mercado.
Federico Martelli, titular CEPREB
Por eso rechazan uno de los argumentos centrales del proyecto, que plantea una apertura de la competencia. "No existe libre mercado cuando tu proveedor es al mismo tiempo tu competidor", resumió Martelli.
A la diferencia en el acceso a la materia prima se suman las asimetrías de escala: mientras las pymes fueron concebidas para producir hasta 50 mil toneladas por año, algunas plantas integradas multiplican varias veces esa capacidad.
La discusión expuso además una contradicción que las empresas buscan explotar durante el debate parlamentario. El mismo proyecto establece cupos diferenciados para proteger al bioetanol elaborado con caña de azúcar en el norte argentino frente a la competencia del bioetanol de maíz.
Las pymes se preguntan por qué ese criterio federal sirve para sostener a los ingenios azucareros, pero no para preservar a los productores regionales de biodiesel.
De hecho, la principal propuesta alternativa del sector es replicar ese esquema. Reclaman elevar el corte obligatorio al 15 por ciento y dividirlo entre grandes aceiteras y pymes regionales.
También exigen que el coprocesamiento pueda realizarse libremente, pero fuera del cupo obligatorio que abastecen los elaboradores de biodiesel.