Milei anunció su primera gran obra de infraestructura con fondos del Estado
El gobierno de Javier Milei anunció la primera gran obra de infraestructura de su gestión y la presentó como una prueba de que se puede construir sin recurrir al Estado. Se trata de AMBA I, un...
El gobierno de Javier Milei anunció la primera gran obra de infraestructura de su gestión y la presentó como una prueba de que se puede construir sin recurrir al Estado. Se trata de AMBA I, una ampliación clave del sistema eléctrico que demandará una inversión superior a los USD 1.000 millones.
Sin embargo, detrás del discurso aparece una ingeniería bastante más clásica: Cammesa aportará unos USD 100 millones para ponerla en marcha, habrá una garantía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el resto de la inversión se recuperará mediante las tarifas que pagan los usuarios.
La clave está en el financiamiento inicial. Según explicaron fuentes de la Secretaría de Energía, Cammesa realizará un aporte no reembolsable cercano a los USD 100 millones. La mitad será en efectivo y la otra mitad en especie, principalmente mediante transformadores.
En simultáneo, el adjudicatario también podrá solicitar el ingreso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el proyecto está en proceso de obtener una garantía del BID. El propio Gobierno confirmó oficialmente que AMBA I tramita ese respaldo del organismo multilateral.
"Es una obra que sí o sí tiene que financiar el Estado. Ningún privado va a hundir semejante capital si depende de una tarifa regulada futura", explicó a LPO una fuente del mercado eléctrico.
El punto central es quién asume el riesgo. "Acá la tarifa está asegurada por la garantía del BID, que si se ejecuta por una disconformidad entre las partes termina recayendo sobre el Estado", agregó.
El concesionario recuperará el resto de la inversión mediante el costo de la energía que Cammesa traslada a las tarifas, explicaron fuentes de Energía. La mayor parte recaerá sobre los usuarios beneficiados del Área Metropolitana de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires. Una proporción menor será distribuida entre los usuarios del resto del país porque la ampliación también mejora la confiabilidad del Sistema Argentino de Interconexión (SADI).
Los funcionarios de Energía anunciaron en sucesivas oportunidades que el llamado a licitación bajo el esquema de "concesión de obra pública" era inminente. Pero las fechas fueron pasando. El problema era conseguir quién pusiera el dinero inicial. Ya en 2025 fuentes del sector advertían que la discusión sobre cómo prefinanciar AMBA I estaba trabando el llamado.
Ante esa dificultad, el Gobierno decidió hacer un "reordenamiento" para destinar recursos de la Cuenta de Exportaciones de Cammesa al proyecto, como reveló El Post Energético. De allí saldrá parte del aporte inicial. Son fondos generados por la venta de energía eléctrica al exterior, principalmente a Brasil, cuando esas exportaciones se realizan a precios superiores a los del mercado doméstico.
El dato vuelve bastante más elástica la definición oficial de "capital privado". Cammesa administra el mercado eléctrico y el sistema requiere todos los meses transferencias del Tesoro para cubrir la diferencia entre el costo de generación y lo que se recauda.
Así y todo el vocero presidencial, Andrés Ravier, sostuvo que AMBA I se financiará con capital privado. Explicó que el aporte inicial de Cammesa busca reducir el elevado costo financiero de poner en marcha una obra de semejante escala. El argumento oficial es que, si el adjudicatario tuviera que endeudarse para cubrir todo el desembolso inicial, esos intereses terminarían incorporados al canon y serían pagados finalmente por los usuarios.
El problema es que esa explicación contradice la afirmación del propio Ravier de que, "por primera vez en 20 años", una obra de estas características se hará "por completo" con capital privado. Hay unos USD 100 millones aportados por Cammesa, una garantía del BID cuyo respaldo último involucra al Estado, beneficios potenciales del RIGI y un mecanismo de repago sostenido por tarifas reguladas.
AMBA I es, además, una obra difícil de discutir por su necesidad. Permitirá ampliar en alrededor de 2.000 megavatios la capacidad de abastecimiento de la región metropolitana, donde se concentra cerca del 40% de la demanda eléctrica argentina. El proyecto contempla unos 270 kilómetros de nuevas líneas de 500, 220 y 132 kV, una nueva estación transformadora en Plomer, provincia de Buenos Aires, sistemas de compensación y obras de vinculación con las distribuidoras. El corredor central conectará Atucha II, Plomer y Ezeiza. El plan oficial también incluye ampliaciones y adecuaciones en distintas estaciones transformadoras.
Por eso no resulta casual que la primera gran obra de infraestructura que Milei eligió como emblema también había sido considerada prioritaria durante el gobierno anterior. AMBA I atravesó distintas versiones y quedó atrapada en las internas de aquella administración. Incluso se había firmado un contrato comercial con China como fuente de financiamiento. La obra sobrevivió al cambio de gobierno; lo que cambió fue el envoltorio financiero.
La comparación entre ambos modelos genera ruido dentro del mercado. El esquema chino ofrecía dinero mucho más barato, aunque implicaba otra relación geopolítica.
"Este financiamiento sale casi el triple que con los chinos. Acá estamos hablando de una TIR del 16% o 17%. Los chinos te prestaban al 5%", dijo a LPO una fuente que conoce el proyecto.
Milei podrá así inaugurar una obra que considera estratégica sin resucitar formalmente el viejo esquema de obra pública. Pero el Estado seguirá sentado en varios lugares de la mesa: pone recursos para arrancar, regula la tarifa con la que se recuperará la inversión, sostiene financieramente a Cammesa, ofrece los beneficios del RIGI y aparece detrás de la garantía internacional.