"Sería un error estratégico que Flavio Bolsonaro rompa con China y retire a Brasil de los BRICS"
La relación entre Brasil y China es una de los interrogantes si Flavio Bolsonaro termina siendo electo presidente. El alineamiento del bolsonarismo con Donald Trump pone a Brasil en la vere...
La relación entre Brasil y China es una de los interrogantes si Flavio Bolsonaro termina siendo electo presidente.
El alineamiento del bolsonarismo con Donald Trump pone a Brasil en la vereda de enfrente del gigante asiático como parte de la estrategia de aislamiento que busca el Departamento de Estado en toda la región latinoamericana.
Sin embargo, esto es problemático. China tiene enormes negocios en Brasil y hay una pata bolsonarista que viene del agronegocio y que no va avalar un ruptura de las caracteristicas que propone Trump.
A su vez, se abre un escenario de dudas en relación a la continuidad de Brasil en los BRICS como ocurrió con Argentina a penas asumió Javier Milei en Argentina.
En ese marco, LPO conversó con José Ricardo dos Santos Luz, CEO de Lide China, una organización fundada por el ex gobernador de San Pablo, Joao Doria, que trabaja el vínculo empresarial de Brasil con China y analizó de manera detallada tanto la relación actual con Lula como el vínculo que puede tener el gigante asiático con Flavio Bolsonaro.
En ese marco, el empresario aseguró que "Brasil y China son económicamente interdependientes" pero aclaró que esto no excluye a Estados Unidos.
"China es un país muy pragmático. Independientemente de quién gane las elecciones, tiene una visión de largo plazo sobre Brasil. No ve a Brasil como un socio para cuatro años de gobierno, sino para décadas e incluso para un horizonte de siglos", afirmó.
-¿Cómo definirías la relación entre Brasil y China?
La relación entre Brasil y China es una relación muy fructífera de 52 años que comenzó en 1974. La sociedad se volvió estratégica en 1992 y estratégica global en a los años 2000 que inició una nueva era del vínculo. Desde el año 2024, los ejes de la relación giraron en torno a la idea de un mundo mas justo y un planeta más sustentable.
La relación económica entre Brasil y China Estamos pasando de una relación comercial tradicional, basada principalmente en la importación y la exportación, hacia algo más sofisticado. Hoy, el intercambio entre ambos países se ha intensificado y se apoya en dos pilares: el de la innovación y el de la sustentabilidad.
Por eso estamos viendo tantos intercambios entre Brasil y China en áreas como drones, inteligencia artificial, robots humanoides, centros de datos, computación en la nube y comercio social. Este último combina las redes sociales con el comercio electrónico. Por ejemplo, en Instagram o Mercado Libre, una persona puede ver un video corto, interesarse por un producto y comprarlo directamente.
También hay intercambios en materia de vehículos eléctricos, paneles solares, energía solar y eólica, y combustibles sostenibles para aeronaves. Además, no podemos dejar de mencionar el sector de los vehículos eléctricos, que hoy tiene una importancia cada vez mayor en Brasil.
Esta relación se ha intensificado de dos maneras: desde el punto de vista de las importaciones y las exportaciones, y desde la perspectiva de la inversión extranjera directa. ¿Por qué? Si analizamos la relación comercial entre Brasil y China, vemos que en el año 2000 el intercambio era de aproximadamente 2.300 millones de dólares. Veinte años después, esa cifra había aumentado considerablemente.
En 2020, el intercambio alcanzó aproximadamente los 60.000 millones de dólares y continuó aumentando en los años siguientes. Para 2025, entre enero y diciembre, llegó a unos 171.000 millones de dólares. Es decir, prácticamente se duplicó en cinco años. En ese intercambio, Brasil mantiene un superávit comercial: exporta más de lo que importa. Sin embargo, todavía se concentra mucho en la exportación de productos básicos, especialmente en tres grandes rubros: mineral de hierro, soja y petróleo.
También exporta celulosa, maíz, jugo de naranja, proteínas animales -carne vacuna, carne de pollo y productos pesqueros- y otros productos agroindustriales. En cambio, Brasil importa de China productos manufacturados, con mayor valor agregado, como paneles solares, equipos de telecomunicaciones y vehículos eléctricos, entre otros. Lo que queremos construir con China es una relación más intensa en materia de intercambio tecnológico.
Hoy, Brasil y China son económicamente interdependientes. Brasil necesita a China y China necesita a Brasil. En ese vínculo podemos identificar tres pilares estratégicos para Brasil: la seguridad alimentaria, la seguridad energética y la seguridad mineral. Cuando hablo de seguridad alimentaria, me refiero a que Brasil ofrece productos confiables al mercado internacional. Los países que compran alimentos brasileños pueden rastrear su origen y conocer cómo fueron producidos. Brasil es hoy una gran potencia mundial en producción de alimentos, una verdadera global powerhouse del sector agroalimentario.
En materia energética, Brasil cuenta con una matriz que incluye energías renovables, especialmente la eólica y la solar. Esto es particularmente visible en la región nordeste del país, donde hay numerosos parques eólicos y solares. También debemos destacar los combustibles sostenibles para aeronaves, que pueden contribuir a reducir el impacto ambiental del transporte aéreo.
Por último, está la seguridad mineral. ¿Por qué es importante? Porque Brasil dispone de minerales críticos, entre ellos las tierras raras, fundamentales para el desarrollo de tecnologías vinculadas con las baterías y los vehículos eléctricos. Tenemos que aprovechar estos recursos. No queremos que los minerales críticos y las tierras raras brasileñas se exporten simplemente como materias primas hacia China.
Queremos convertirlos en una fuente de desarrollo industrial y de valor agregado para Brasil. Tampoco queremos limitarnos a importar automóviles chinos. Queremos que las empresas fabriquen vehículos en Brasil y que nuestro país forme parte de las cadenas de producción y abastecimiento. Brasil no necesita fabricar por sí solo un automóvil eléctrico completo para participar de esa industria. Puede integrarse a la cadena de suministro, por ejemplo, mediante la producción de baterías para vehículos eléctricos a partir de minerales disponibles en su territorio. Ese es uno de los objetivos de profundizar la relación con China en los tres pilares mencionados: el alimentario, el energético y el mineral.
-¿Que China y Brasil sean interdependientes excluye a Estados Unidos?
Cuando digo que Brasil y China son interdependientes, no estoy afirmando que Brasil no necesite también a Estados Unidos, Europa, África o Asia en general. Hay otros mercados que debemos explorar. Pero hoy China es el principal socio comercial de Brasil. En 2025, el intercambio entre ambos países alcanzó los 171.000 millones de dólares. Con Estados Unidos, el segundo socio comercial brasileño, fue de aproximadamente 86.000 millones.
La relación comercial con China prácticamente duplica la que Brasil mantiene con Estados Unidos. Argentina también es un socio importante y disputa posiciones entre los principales socios comerciales brasileños, junto con otros mercados, incluido el europeo. Brasil y Argentina están mucho más cerca geográficamente y forman parte del Mercosur. Sin embargo, estamos viendo cómo la intensificación de la relación entre Brasil y China modifica el escenario comercial regional.
-¿Puede avanzarse en un acuerdo China-Mercosur?
Creo que todavía no hemos hecho los deberes. Cuando hablo de hacer los deberes, me refiero a que los argentinos deben sentarse con los brasileños, los chilenos y los uruguayos, y conversar entre los países de la región para definir qué nos conviene, qué no podemos comprometer y qué oportunidades podemos aprovechar. Tenemos que discutir primero entre nosotros para después presentar una propuesta común a China.
No se trata simplemente de imponer un acuerdo comercial. Se trata de identificar las potencialidades y las limitaciones de cada país y construir una posición regional. Brasil es uno de los pocos países de América Latina que todavía no se ha incorporado formalmente a la iniciativa china de la Franja y la Ruta, también conocida como la Nueva Ruta de la Seda. Sin embargo, hasta el momento, esa situación no ha impedido que crezcan sustancialmente el comercio bilateral y la inversión extranjera directa entre Brasil y China.
Lo que estamos viendo es una posible sinergia entre la iniciativa de la Franja y la Ruta y la Nueva Industria Brasil, la política brasileña que busca promover una reindustrialización sustentable. Si has seguido el tema, habrás visto que la participación de la industria manufacturera en la economía brasileña ha disminuido, mientras que los servicios han ganado terreno.
Esa situación no es positiva para un país que necesita fortalecer su capacidad industrial. Brasil necesita recuperar y ampliar su planta industrial. Un ejemplo es el sector de los minerales de tierras raras. La empresa brasileña encargada de producir determinados materiales utiliza insumos provenientes de China y realiza parte de la producción en Brasil.
El posible cierre de esa fábrica podría provocar un aumento sustancial de los precios de los productos vinculados con esa cadena industrial, no solamente en Brasil, sino también en otros mercados a los que el país exporta. Se trata de un proceso que requiere atención.
Con el lanzamiento de la política Nueva Industria Brasil, el país volvió a promover el crecimiento industrial sobre la base de la innovación y de procesos sustentables. Por eso considero que puede existir una sinergia entre la Franja y la Ruta y la Nueva Industria Brasil.
Estados Unidos también está muy interesado en las reservas de tierras raras de Brasil. Ya hay inversiones y proyectos en ese sector.
-¿Puede existir una disputa con China por esos recursos? ¿Cómo analizás esa posible confrontación?
Brasil tiene una tradición diplomática muy respetada en el mundo. Su política exterior se apoya en el diálogo y en la construcción de relaciones con distintos países. Ya dejó muy claro que quiere seguir haciendo negocios con Estados Unidos, así como con cualquier otro país interesado en comerciar con él.
El mensaje que Brasil transmite al mundo es muy claro: hacer negocios con China no significa cerrar las puertas a los estadounidenses. Y viceversa: comerciar con Estados Unidos no significa dejar de hacer negocios con China. Por supuesto, existe una competencia estratégica entre ambas potencias, particularmente en áreas como la inteligencia artificial y las tecnologías avanzadas. Brasil se ha convertido en un polo de atracción para las inversiones estadounidenses y chinas.
La cuestión no es solamente la velocidad con la que llegan esas inversiones, sino también cómo evoluciona la relación entre Brasil, Estados Unidos y China. Voy a dar un ejemplo. Cuando el presidente Donald Trump impuso aranceles a productos brasileños, China habilitó a un centenar de empresas brasileñas para exportar café al mercado chino.
Ese fue un mensaje importante: mientras Brasil enfrentaba dificultades comerciales con Estados Unidos, China demostraba su interés en ampliar la relación con los estados y las empresas brasileñas. Está mostrando interés en profundizar sus vínculos con las distintas regiones de Brasil. Esto vuelve a demostrar que comerciar con China no significa cerrar los puertos a Estados Unidos.
-¿Qué pasaría con China si Flávio Bolsonaro llega a la presidencia? ¿La relación con Donald Trump es algo que genera incertidumbre?
Es una pregunta delicada porque, lamentablemente, en Brasil la política se está llevando a un terreno inapropiado. Ya no discutimos solamente políticas públicas: discutimos ideologías. Por eso vemos tantas peleas dentro de las empresas, entre amigos y hasta en el seno de las familias. Si analizamos a los dos principales candidatos potenciales, Lula, por la izquierda, y Flávio Bolsonaro, por la derecha, tenemos que considerar que todavía estamos en un proceso electoral. No podemos afirmar con certeza quién tiene mayores posibilidades de ganar.
Cuando analizamos la relación entre China y Brasil en el contexto de una elección, creo que la opinión empresarial brasileña combina dos elementos: la ideología y los negocios. Desde el punto de vista comercial, podemos preguntarnos si China mantendría una buena relación con Brasil independientemente de que el gobierno sea de izquierda o de derecha.
Durante el mandato de Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022, el comercio entre Brasil y China continuó creciendo. También siguieron llegando inversiones extranjeras, independientemente de quién estuviera en el poder federal. Sé que muchos académicos y empresarios pueden discrepar de mi opinión, pero considero que China es un país muy pragmático.
Independientemente de quién gane las elecciones, China tiene una visión de largo plazo sobre Brasil, no lo ve como un socio para cuatro años de gobierno, sino para décadas e incluso para un horizonte de siglos. Por eso, creo que existe una continuidad estructural en el comercio y las inversiones entre ambos países. Es cierto que un candidato como Flávio Bolsonaro podría formular críticas a China debido a su mayor proximidad ideológica con Estados Unidos. Algo parecido ocurrió durante el gobierno de Jair Bolsonaro, cuando hubo fuertes declaraciones contra China y momentos de tensión al comienzo de su mandato.
Pero hay un ejemplo muy claro de pragmatismo. Bolsonaro asumió en enero de 2019. A pesar de las críticas, Brasil mantuvo su relación comercial con China. Además, el vicepresidente Hamilton Mourão viajó al país asiático en una visita oficial y se reunió con Xi Jinping. En aquel momento también existía un debate en Brasil sobre si el gobierno de Bolsonaro debía viajar a China.
Finalmente, la visita se realizó a través del vicepresidente. Otro ejemplo ocurrió en octubre de 2022, cuando Bolsonaro viajó a China para buscar inversiones en un contexto de dificultades económicas y de necesidad de atraer capitales. El viaje se produjo a pocas semanas del final de su mandato.
Una empresa extranjera necesita tiempo para analizar un proyecto, reunir documentación en portugués, estudiar su viabilidad y realizar evaluaciones financieras y estratégicas. Sin embargo, en ese caso, en un período relativamente corto se concretaron inversiones de empresas chinas en proyectos brasileños.
Eso demuestra que, aunque Bolsonaro mantuviera críticas a China en la prensa y la televisión, en la práctica seguía buscando acuerdos comerciales. También es importante comprender el papel institucional del vicepresidente brasileño. Brasil y China cuentan con una plataforma de diálogo denominada Comisión Sino-Brasileña de Alto Nivel de Concertación y Cooperación (COSBAN), que tiene al vicepresidente de Brasil como responsable de la coordinación por el lado brasileño.
A través de ese mecanismo se tratan cuestiones relacionadas con la agricultura, las finanzas, la infraestructura, la ganadería y el sector aeroespacial, entre otras áreas. Por eso, no debemos subestimar el papel del vicepresidente ni los mecanismos institucionales que sostienen la relación bilateral.
- ¿Podría Flávio Bolsonaro retirar a Brasil de los BRICS? ¿Qué significaría eso para China?
Voy a dar mi opinión personal. Salir de los BRICS en este momento sería un error estratégico, porque el bloque tiene una representación muy importante en la población mundial y en la economía global.
No estamos hablando solamente de los países que integran formalmente los BRICS, sino también de las economías y los países asociados que participan de sus iniciativas. Para mí, los BRICS son un activo estratégico para cualquier gobierno, sea de derecha o de izquierda.
Tenemos el ejemplo de Argentina. Javier Milei tomó la decisión de no incorporarse al bloque cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. En mi opinión, esa decisión no fue favorable para los intereses del pueblo argentino.
También hubo un debate sobre la posibilidad de que Jair Bolsonaro sacara a Brasil de los BRICS. Por eso, si Flávio Bolsonaro llegara a la presidencia y decidiera abandonar el bloque, creo que sería una decisión que habría que analizar con mucho cuidado, sobre todo por su cercanía ideológica con Estados Unidos. Desde mi punto de vista, sería un error.
Los BRICS son una plataforma que amplía la representación de los países del Sur Global y les permite tener una voz más fuerte en el escenario internacional. Más que un foro multilateral, constituyen un espacio que puede dar mayor capacidad de negociación a países que, individualmente, tienen menos peso en las instituciones internacionales.
También estamos viendo debates sobre la reforma de la gobernanza global. En ese contexto, es importante el papel que desempeñan los BRICS. Brasil debe continuar participando de ese espacio. Eso no significa que tenga que abandonar sus relaciones con otros países, sino que debe mantener una política exterior diversificada.
-¿Creés que China está más cerca de Brasil porque ambos países tienen gobiernos de izquierda? ¿Podría cambiar la relación si gana un candidato de derecha?
No creo que China vaya a abandonar su relación con Brasil si gana un candidato de derecha. Es posible que, al comienzo de un nuevo mandato, exista una pausa o cierta cautela en las inversiones extranjeras mientras se observa cómo evoluciona la relación política.
Pero Brasil y China tienen un vínculo basado en un pragmatismo muy importante. En la diplomacia internacional, Brasil ha procurado mantener relaciones con distintos países. Espero que esa política continúe, independientemente de quién gane las elecciones.